1 de agosto de 2012

2012: Apuntes para una historia de la idea del fin del mundo (I)




El propósito del presente texto no es tanto evaluar o considerar las ideas de los mayas en relación con la fecha del 21 de diciembre de 2012 pues la idea de un cataclismo planetario o cósmico o de un salto dimensional de la conciencia colectiva no es propia de la cultura maya sino de la nuestra. Un acercamiento a comprender el fenómeno debe acudir más a una historia crítica de las ideas y los resortes internos de la cultura occidental que a una revisión de la cosmología maya comprender cómo ha llegado a convertirse en el  auténtico fenómeno de masas que atestiguamos hoy.
La idea del Apocalipsis es recurrente en la cultura occidental. Por no ir más lejos, bastaría recordar la crisis social creada frente a la expectativa de la llegada del año 2000 y el catastrófico desajuste que habría de provocarse en el mundo debido a la dependencia de los sistemas automáticos y computarizados, llamado fenómeno Y2K. Vale la pena recordar también que pasados los primeros meses del año 2000 nadie mencionaba el asunto.
El fenómeno 2012 resulta de una confluencia de ideas de la nueva era y la contracultura, matizado con aportaciones de los estudios académicos y estimulado por el protagonismo de internet y la explotación comercial de los medios globales de comunicación. Convertido en los últimos años en un tema de la cultura popular ha pasado por numerosas reinterpretaciones y a pesar de las paranoias catastrofistas, teorías de la conspiración y especulaciones pseudocientíficas en ocasiones francamente esquizoides que ha fomentado, hay que contar saldos positivos entre los que podemos considerar que la fecha se ha constituido en un motivo central del movimiento global altermundista que busca soluciones locales a los problemas globales provocados por el afán predatorio del capitalismo neoliberal. También ha colocado a la cultura maya  en el centro de la atención de los medios de comunicación y con ella a las culturas indígenas americanas como modelos potenciales de nuevos paradigmas. Las propias comunidades mayas lo están utilizando en el marco de sus luchas reivindicativas por el territorio y el derecho a la autodeterminación. Se encuentra en el centro de una reflexión sobre la propia cultura occidental, sus límites y su incapacidad para generar un sentido trascendente de  la vida social. Por otra parte es un escenario particularmente estimulante para artistas que buscan reflexionar sobre el significado de la vida y la muerte, pues la conciencia del fin inevitable es sin dudas el estímulo más poderoso para repensarnos. 
Escena de Melancholía (2011), Lars Von Trier. En un contexto de catástrofe, en el que el mundo es destruido a manos del planeta Melancholía, el director explora las reacciones psicológicas del ser humano al confrontar el fin inevitable. 
 Ninguno de estos elementos carece de contrapartes negativas o usos peligrosos y contaminantes para la ya bastante disgregada esfera del imaginario social, pero a la vez contienen la semilla de un potencial transformador y posiblemente liberador siempre que sea analizado con una visión crítica y utilizado con la precaución y la responsabilidad que implican la propagación de una idea que ya es patrimonio colectivo y la interpretación de una cultura ajena, la maya en este caso, para usos propios.  Para ello, es útil hacer un repaso de cómo se fue conformando el fenómeno tal y como hoy lo conocemos y analizar cuáles son los indicadores que nos pueden ayudar a distinguir lo valioso de aquello que es meramente una proyección de nuestro presente hacia el pasado y de nuestra visión del mundo hacia la de un pueblo que construyó la suya en condiciones y con resultados muy diferentes de la nuestra.
Con propiedad, deberíamos comenzar el recorrido en el propio momento de la conquista. Lo que habría que subrayar de este momento, es el espíritu milenarista que habitaba en muchos de los conquistadores, particularmente en los monjes franciscanos, quienes vieron en el descubrimiento de América una señal del fin de los tiempos y el advenimiento del tercer reino[1]. Sin embargo pasó mucho tiempo antes de que los mayas se convirtieran en tema de investigación y especulación para el mundo occidental. 
Durante el período que medió entre la conquista y el súbito interés europeo por la civilización maya, los pueblos mayas habían seguido produciendo códices y manuscritos, utilizando el calendario ritual y  conservado sus múltiples tradiciones chamánicas. Su ideología y su cosmovisión le habían dado un carácter propio a las insurrecciones y levantamientos contra el poder español.[2]
Los libros del Chilam Balam, con los obvios elementos de transculturación presentes en ellos, son una línea de continuidad de elementos tales como la profecía, que es parte constitutiva de la concepción que de la historia tenían los mayas.



Rueda de katunes en el Chilam Balam de Chumayel . La rueda de katunes es un ciclo de 13 katunes; un katun equivale a 20 tunes (20 años de 360 días) o sea 7200 días

Este recorrido sin embargo, no fue de interés para el mundo hasta fines del siglo XVIII cuando el espíritu de la Ilustración[3] francesa creó un interés por el estudio de las culturas no europeas. La llegada de la Ilustración a España impulsó al monarca Carlos III a enviar las primeras expediciones de exploración a América, y estas se sucedieron durante todo el XIX.
Cuando los europeos comenzaron a descubrir las ruinas de las antiguas ciudades y se publicaron los primeros manuscritos y códices hasta entonces guardados en bibliotecas y colecciones privadas, las interpretaciones más diversas surgieron.  Incapaces de atribuir un origen local a las maravillas que iban develándose, por prejuicios racistas de la época, asignaron una maternidad egipcia, fenicia, o incluso atlante a las ruinas mayas. La opinión generalizada era que los pueblos que habitaban América para entonces eran salvajes y atrasados y por tanto era imposible considerar que las evidencias del alto nivel de desarrollo intelectual y artístico de quienes los antecedieron pudiera tener un origen propio. Brasseurg de Bourborg, un investigador cuyo aporte fundamental es haber encontrado y publicado varios manuscritos coloniales de autoría nativa, creyó leer el nombre de un continente perdido, Mu, hundido en una catástrofe cataclísmica y lo identificó con la Atlántida. Otro tanto hizo Le Plongeon, el descubridor del primer chac mool, quien consideró a los mayas descendientes del continente perdido y hermanos de los egipcios por compartir un origen común. 
                                              
Auguste Le Pongleon fotografiado junto a su hallazgo en Chichén Itzá
 Esta visión bastante generalizada, a la que no escapó prácticamente ninguno de los exploradores del siglo XIX, se hace evidente en los dibujos de Jean Fréderic Waldeck, uno de los primeros europeos que visitó Palenque, quien sostenía que la ciudad había sido fundada por los caldeos y que el resto de la población yucateca provenía probablemente de las Indias Orientales. En sus dibujos son bastante obvias las licencias que se toma para demostrar su punto[4].
Es también del siglo XIX la fundación de la iglesia mormona. En  1830 su fundador y profeta Joseph Smith publicó el Libro de Mormón según el cual los primigenios habitantes de América fueron inmigrantes israelitas que llegaron a América en tiempos de la Torre de Babel y luego en una segunda oleada 600 años antes del nacimiento de Cristo. El propio Jesús habría viajado a América siguiendo su resurrección. Sería un poco incierto especular exactamente de donde tomó esta idea Smith. Es probable que haya tenido acceso a algunos de los materiales preliminares que un año después aparecieron en el primer volumen de la colección de Lord Kingsborough Antiquities of México. Las copias de fragmentos de códices recopilados venían acompañados de  comentarios donde el autor aseguraba que los mayas eran en realidad las tribus perdidas de Israel. Cualquiera que haya sido el caso, una coincidencia relativa en las fechas de publicación o una influencia en uno u otro sentido, lo cierto es que la idea de asociar a la cultura maya con alguna de las más antiguas culturas del Viejo Mundo o incluso con territorios míticos anteriores y fundacionales era parte de la modalidad de la época.
Dibujo reconstructivo de Waldeck. Bajorelieve en un templo en Palenque
Estas adjudicaciones generaron una imagen de los mayas como herederos de un antiquísimo saber esotérico preservado en círculos secretos al que se accedía por revelación iniciática. Muchas ideas ocultistas fueron alimentadas sobre la base de que los mayas entendían aspectos de la vida humana que escapan al saber de Occidente y que poseían una conciencia superior. Esta corriente se conoce como mayanismo[5] y ha rendido múltiples frutos y alimentado las ideas Nueva Era que podemos reconocer fácilmente en torno al fenómeno del 2012. En la actualidad los vínculos de los mayas no se atribuyen a civilizaciones de antigua data sino a extraterrestres. Pervive la idea de la relación con la Atlántida y la de una transmisión del conocimiento a través de revelaciones, pero esas revelaciones ocurren hoy a través de estados alterados de conciencia producidos por alucinógenos o por canalizaciones de seres provenientes de mundos fuera de nuestra galaxia. Por citar algunos ejemplos de esta continuidad baste mencionar a Zecharia Sitchin[6], para quien el gobernante maya K´inich Janaab´ Pakal era parte de un plan galáctico al servicio de seres que usaban a la Tierra para obtener esclavos y oro, o la conocida interpretación de Erich von Daniken sobre la lápida de este mismo gobernante, en la cual él ve la representación de un astronauta.
El siglo XIX reveló al mundo también los libros de Chilam Balam, que constituyen en verdad la fuente profética nativa más directa y que curiosamente, aunque es mencionada por varios autores de los que alimentan el fenómeno 2012 ya en la segunda mitad del siglo XX, no es la más explorada ni tomada en cuenta. José Arguelles por ejemplo lo cita como referencia pero sus profecías son en realidad propias (aunque las denomina mayas). Otros como Daniel Pinchbeck, que pudiéramos considerar el último profeta del cambio de era en el 2012, ni siquiera lo menciona en su influyente libro 2012: El retorno de Quetzalcóatl.
El Códice Dresde fue la primera de las fuentes mayas que resultó objeto de una interpretación apocalíptica. En 1906, Ernst Forstemann, conocido también por la interpretación de las tablas de Venus y el sistema vigesimal astronómico, vió en las últimas páginas una representación del fin del mundo por una inundación cataclísmica, aunque no lo relacionó con fecha alguna en el futuro o con la terminación del treceavo baktún.
Página 54d Códice Dresde
Sylvanus Morley retoma sus ideas años más tarde en 1946 y parafrasea el comentario de Forsteman asociando esta imagen del Armagedón a través de un diluvio con el fin del treceavo baktún. Michael Coe ontinua la misma línea en 1966 en su libro The Maya, pero esta vez utiliza la correlación GMT[7] para ubicar ese fin el 24 de diciembre del 2011 y asignar el motor cataclísimico no al elemento agua sino a grandes terremotos.
Este último ha sido un libro de tremenda influencia y hasta la fecha se ha publicado 11 veces. Su interpretación se apoya mucho en la concepción de la existencia de eras en la historia de la humanidad y en particular en la Leyenda de los Soles, un documento azteca transcrito poco después de la conquista.                
Estos tres investigadores; Forsteman, Morley y Coe, nos permiten seguir la línea de interpretación apocalíptica sobre el 2012. Es la más susceptible de explotación por el gran mercado de Hollywood pues sin duda es la más efectista y también arraigada en la propia tradición apocalíptica de Occidente. Más adelante volveremos sobre ello.  

Durante el siglo XX el interés por Mesoamérica y en particular la cultura maya continua en dos líneas fundamentales, la de la investigación académica y la de la especulación esotérica que usa a los mayas como leif motiv. Estas dos líneas no llegan a integrarse sin embargo sino hasta la década de los 70, sumándoseles otras confluencias.
Valdría la pena tomar en consideración, en los 50,  a los poetas de la generación   beat como Allen Ginsberg, Willian Burroughs y Jack Kerouac, quienes representaron el pináculo de un movimiento cultural que derivaría en la contracultura de los 60, y que es relevante a este recuento en tanto define los principios contraculturales sobre los que se sostiene mucha de la especulación que dará forma luego al fenómeno 2012. Lo que comienza como rechazo a los valores estadounidenses del materialismo,el consumo y la racionalidad mecanicista en un primer momento se redimensiona a partir de los 60s como oposición sistémica a los valores de la cultura capitalista y la civilización occidental en general.  Esta oposición exalta entonces principios como la libertad sexual, el uso de drogas y la curiosidad por las filosofías orientales y nativas americanas.
En 1969 se publicó Hamlet’s Mill, An Essay on Myth and the Frame of Time (El Molino de Hamlet, un ensayo sobre el mito y el marco del tiempo), una obra que influenció notablemente el caudal especulativo que desembocó en el fenómeno 2012 y a varios de sus principales autores. En este libro  Giorgio de Santillana y Hertha von Dechend proponen que los mitos son en realidad relatos astronómicos cuya base es el conocimiento de la precesión de los equinoccios. En un “Tiempo Cero”, ocurrido alrededor de 5000 años antes de nuestra, el conocimiento de la precesión de los equinoccios habría sido común, y dio base a los diversos calendarios  de la humanidad. Años más tarde, John Mayor Jenkins, inspirado en dicho texto (y también en la interpretación de Linda Schele y David Freidel de los gobernantes mayas como chamanes lectores y manejadores del orden cósmico), propuso que el conocimiento de la precesión de los equinoccios era la base de la Cuenta Larga Maya y que lo que llegaba a su fin en diciembre del 2012 era justo un ciclo precesional completo de casi 26000 años.                                                
Gráfica de la Onda de Tiempo Cero. Genera una imagen fractal que se va comprimiendo a medida que se acerca al 2012. en el ejemplo, la gráfica de novedad contra tiempo desde el siglo XVII hasta el 2012
Por otra parte Terence y Dennis McKenna publicaron por vez primera en 1975[8] The Invisible Landscape: Mind, Hallucinogens, and the I Ching (El Paisaje Invisible: mente, alucinógenos y el I Ching)Su tesis básica es que la cultura humana va acercándose a un punto de singularidad, siendo atraída en un movimiento en espiral marcado por puntos de “novedad” (sucesos relevantes de convergencia de conocimiento o punto críticos  en la historia) que en conjunto pueden ser percibidos como un proceso de aceleración o compresión del tiempo. Este proceso culminará en el año 2012. Esta es posiblemente la primera mención de la fecha fuera del ámbito académico y relacionado con un evento transformador de magnitudes cósmicas que no implica a los mayas ni especulación alguna respecto a los ciclos de la Cuenta Larga.  Algunos autores[9] se refieren a la tesis de los McKenna como milenarismo psicodélico pues el evento que dio origen a la teoría de la Onda de Tiempo Cero ocurrió en  la forma de una revelación en un estado de  conciencia producido por DMT y psylocibina, en el cual atestiguaron (y provocaron) el advenimiento de una “nueva era” y la entrada de la humanidad en la siguiente fase de su viaje evolutivo. Las experiencias psicodélicas y las narrativas derivadas de ellas son una característica común a muchos autores y profetas (autodenominados o no), del movimiento en torno al cambio de era que ocurrirá en el año 2012.
También en 1975 fue publicado Mexico Mystique: The Coming Sixth Age of Consciousness (México Místico: El advenimiento del sexto sol de la conciencia), de Frank Waters, un autor bastante conocido en el mundo hispano por El libro de los hopis. En Mexico Mystique une la astrología y profecía de los hopis a la fecha que Michael Coe había propuesto unos años antes (24 de diciembre 2011, en The Maya, 1966) y propone que la profecía hopi y la predicción apocalíptica maya se confirman mutuamente. Mucho antes, justo en la época de posguerra, cuando los poetas beats miraban hacia México, Waters proclamaba:
 “…. La rueda ha dado un giro completo. Las introvertidas ciudades-estado de los Pueblos, al igual que las antiguas civilizaciones de los mayas, aztecas e incas, han dado paso a la civilización racionalmente extrovertida de Euro-América. Y a la vez nosotros hemos llegado a la cumbre de nuestra forma de pensar mecanicista-material. Al igual que India y América, Euro-América ha completado esta fase de su destino.  La lucha ha terminado. Cada uno de nosotros ha tenido una muerte cuyas causas eran inherentes a nuestra naturaleza misma desde el principio. Un renacimiento es necesario.  ¿En qué? ¿Y cómo?[10]
La necesidad de un renacimiento, asociado al reconocimiento del fracaso de la cosmovisión europea, eran ideas bastante comunes en aquel entonces. Comenzaron a ser estimuladas luego de la segunda guerra mundial y se convirtieron en el fundamento de un nuevo paradigma en los años 60, con la revolución hippie y los diversos movimientos sociales que ocurrieron en todo el mundo sobre el trasfondo de la Guerra Fría y el peligro de una catástrofe nuclear. Es en este contexto que Waters delinea lo que cree es el próximo paso en la historia de la humanidad y lo asocia con un salto a una nueva realidad. La fecha del fin del ciclo de los mayas adquirió con este libro un significado de transformación planetaria, una Emergencia de acuerdo a la mitología hopi, concebida como  superación de las dualidades; femenino-masculino, Oriente-Occidente, sabiduría antigua-moderna, y como un entendimiento profundo de la interconexión ser humano-naturaleza que llevará a la humanidad hacia la iluminación universal. Mexico Mystique  se convirtió en una referencia básica pues  introdujo la visión de un salto cualitativo hacia una conciencia superior, lo cual es una de las ideas motrices  que aportan al imaginario del 2012.


[1] Joaquín de Fiore había dado forma definitiva a la doctrina milenarista en el siglo XII al proclamar que la historia estaba guiada por un plan divino consistente en tres estadíos que manifestaban la trinidad divina hacia un estado de bienestar y bondad que sería anunciado por eventos catastróficos como guerras y posiblemente la aparición del Anticristo. Había anunciado el comienzo de la tercera edad para 1260 y aunque no se cumplió la fecha, muchos continuaron sus enseñanzas y reinterpretaron la fecha de acuerdo a diversos eventos, el más notable de ellos el descubrimiento de las nuevas tierras del otro lado del Océano.
[2] Ver al respecto el libro de Daniel Brinton: Nagualismo Un Estudio Sobre El Folklore E Historia Nativa De Américadonde el autor rastrea lo que él llama la sociedad secreta del nagualismo y encuentra evidencias por todo el territorio no solo maya, sino mesoamericano en general, de prácticas chamánicas y linajes de brujos.
[3] La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual europeo –nacido en Francia a finales del siglo XVIII– que pretendía disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la Razón. Sirvió de motor impulsor a la Revolución francesa y configuró la modalidad racionalista de la Europa del siglo XVIII que se llamó luego por esta razón El siglo de las luces.
[4] Excepciones a esta generalidad fueron Lloyd Stephens y su dibujante Frederick Caterwood, en Incidentes del viaje a Yucatán I (1843) y luego Vistas de Antiguos Monumentos de América Central, Chiapas y Yucatán,  y el mexicano Juan Galindo, en su Descripción de las ruinas de Copán (1835)
[5] Hay que distinguir aquí esta corriente, más propia de grupos esotéricos y nueva era en occidente de una tendencia propia de los pueblos indígenas que acceden al saber académico como forma de recuperar su herencia ancestral, y que tiene visos reinvindicatorios e identitarios.
[6] Zecharia Sitchin es el creador y promotor de la idea de que las antiguas culturas de la Tierra descienden de los Anunnaki, que revelarán su existencia en el 2012 con la aparición de su planeta, Nibiru que aparecerá en el 2012, por lo que es uno de los que podríamos nombrar dentro del torrente especulativo en torno a la fecha)
[7] La correlación GMT, o Goodman-Martínez-Thompson, ubica la fecha inicial de la Cuenta Larga del calendario maya 4 Ahau 8 Cumkú en el 11 de agosto de 3114 A.C. Está bastante establecida en el  mundo académico pero lógicamente puede y está siendo puesta en entredicho por investigadores que proponen otras variantes. La fecha que Coe obtiene de la correlación fue subsecuentemente rectificada hasta llegar a la que todos utilizan hoy, que es 21 de diciembre de 2012.
[8] Para la primera edición de su obra, el resultado del análisis conducía a la fecha de noviembre de 2012. En la edición de 1993 la fecha ya era 21 de diciembre, al parecer en un intento de hacer coincidir la propuesta con la mayormente aceptada  para entonces. 
[9] Sacha Defesche, The 2012 Phenomenon: A historical and typological approach to a modern apocalyptic mythology
[10] "Thus the wheel has turned full circle. The introversive city-states of the Pueblos, like the ancient civilizations of the Maya, Aztecs and Incas, have given way to the rationally extroverted civilization of Euro-America.  And we in turn have reached  the summit of our mechanistic-material-mental  advance.  Like Indo-America, Euro-America has completed this phase of its destiny.
    The struggle is over.  We each have died a death whose causes were inherent in our very natures from the beginning.  A rebirth is necessary.  To what?  And how?"

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